.Opinión
No a la cárcel,
ni a la tumba
Miércoles, 15 de febrero de 2012 // 10:23 hs.
Escribe . Ricardo Quevedo Ramirez
Los temas de seguridad se vienen enfocando estos últimos días
como una forma de ir sembrando conciencia de brindar seguridad a la sociedad y
armarnos también de nuestra autoseguridad (no con armas literales), como lo
hacen las personas que tienen autorización para portar armas, o los propios
delincuentes que abierta y sádicamente hacen uso de su propia cobardía cuando
intentan conseguir un objetivo de una manera ilícita, rompiendo los esquemas de
paz y tranquilidad de las personas.
Armarse
de nuestra autoseguridad, es saber medir el peligro o adelantarse a tomar las
advertencias necesarias para que no ocurra una amenaza externa, como la muerte
del ex alcalde y ex gobernador del distrito de Sauce por ejemplo; la muerte
misma de un conocido abogado de nuestro medio, que delante de su pequeño hijo
fue victimado en su propio despacho, quedando desde ya ese niño, (por más
tratamientos psicológicos que haya recibido hasta hoy), con una huella
imborrable de odio y muerte para toda su vida.
Pero,
más que autoseguridad, debe las instituciones en representación de sus
autoridades, como el gobierno regional, local y nacional, brindar todo el
aparato logístico, de inteligencia y educación a favor de las poblaciones que
se ven muchas veces huérfanas de atención y seguridad, quedando el terreno
libre para que el delincuente aproveche lo menos esperado y cometa su asalto,
su crimen, su salvajismo, que es lo único que sabe hacer por el vacío de
opciones que tiene como persona y por el vacío de nulas alternativas que tiene
para emprender determinadas metas dignas de acción.
No es
que no haya trabajo, para que el delincuente justifique en esto su fechoría
para cometer robos y crímenes. Simplemente están habituados a vivir el
facilismo que algunos tienen como opción, y conseguir el dinero en abundancia
de la noche a la mañana sin ningún esfuerzo y sacrificio. Alguien que opta por
este camino fácil, así de fácil también conseguirá su propia perdición.
Si a
nivel nacional se viene informando que los peruanos estamos entrando a vivir
una supuesta pacificación por la captura última de uno de los jefes de Sendero
Luminoso, aquí en el Dpto de San Martín, concretamente en la zona de Tocache,
en la persona del camarada “Artemio”, luego de 20 años que fuera capturado su
jefe, Abimael Guzmán Reinoso. Desde entonces “Artemio” asume el mando político
y militar, sin ninguna preparación ideológica, política e intelectual.
Por
ello mataban a la gente inocente y aún especialmente a los que se oponían a su
ideología.
Conversando
con algunos entendidos, me dijeron por ejemplo que la política de Sendero
Luminoso, no era matar gente. Entonces los que mataban eran los jefes
subalternos que no tenían la capacidad holística de la doctrina maoística,
convirtiéndose en una doctrina de odio y matanza antes que en una doctrina de
desarrollo y cultura buscando el espíritu progresista a través de las
voluntades propias, más no así a través de las amenazas y la muerte,
sepultándose ellos mismos con esta loca pasión, pasándose inmediatamente a otro
línea de lucha y defensa del narcotráfico, como fue la defensa de “Artemio” en
la zona de San Martín.
Es
decir, como doctrina marxista-leninista, maoísta y el pensamiento Gonzalo, se
integró únicamente a la defensa del narcotráfico, que tiene como meta otras
miradas de enfocar a la sociedad, desde el punto puramente económico cueste lo
que cueste, convirtiéndose al mismo tiempo en el elemento generador de hacer
riqueza de una manera facilista y contra los derechos humanos y tranquilidad de
otros.
En este
contexo, también debemos mirar la seguridad ciudadana, con la participación de
todos los elementos razonables de la sociedad, desde el ciudadano de menor
compromiso social hasta el ciudadano que tiene altos cargos de responsabilidad
en asociaciones o instituciones estatales o particulares.
Estaremos
viviendo en paz y desarrollo cuando se extirpe además el cáncer de la
corrupción de las instituciones públicas y privadas; estaremos viviendo en paz
y desarrollo cuando se crea posibilidades y oportunidades de desarrollo de la
juventud y no enrolarse en el facilismo de hacer el dinero y terminar en la
cárcel; y no enrolarse en la ceguera de no saber optar por una sana doctrina
política que nos lleve a un cauce de desarrollo y progreso, no a cadenas
perpetuas de prisión, ni mucho menos a la oscura y tenebrosa tumba.

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