sábado, 2 de febrero de 2013


Justicia. Duelo, reposo.

Por fin el descanso merecido

Sabado, 02 de febrero de 2013 | 8:45 am.

Procesión. Camino al homenaje en la Plaza de Armas de Huamanga para recibir sentido homenaje.

Procesión. Camino al homenaje en la Plaza de Armas de Huamanga para recibir sentido homenaje.


El pasado 25 de enero la ciudad de Huamanga fue el escenario donde se puso fin a una espera que se hacía eterna: la de los familiares de 78 ayacuchanos y ayacuchanas que fueron ejecutados extrajudicialmente durante los años de la violencia política, por efectivos militares y miembros de Sendero Luminoso.
Nilton Torres Varillas
Fotos: Musuk Nolte
Están colocados en filas y reposan sobre diminutos caballetes de madera.
Son 78 ataúdes blancos y pequeños, como los de los niños, adornados con un discretoarreglo floral.
Dentro de estas impolutas urnas de madera reposan los restos de igual número de hombres y mujeres, niños y adultos, ancianos, jóvenes, todos asesinados tanto por los terroristas de Sendero Luminoso, como por los miembros de las rondas campesinas y de las fuerzas del orden (comandos del Ejército Peruano, los “Sinchis”, unidad antisubversiva de la desaparecida Guardia Civil y los "Llapan Atic", de la Guardia Republicana) que debían protegerlos.
Todos ellos eran pobladores de Chungui, una localidad ubicada en la provincia de La Mar, Ayacucho, e identificada como uno de los distritos más pobres de la región y en el que se aglutina la mayor cantidad de víctimas del conflicto armado interno entre los años 1980 y 2000: más de 1.381 personas muertas y desaparecidas en los mil y pico de kilómetros cuadrados de extensión que tiene este distrito, también conocido como "Oreja de Perro".
Según el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en Chungui la violencia fue feroz y devastadora, llegando a niveles de inhumanidad.
Durante años, los familiares de las peruanas y peruanos masacrados buscaron una justicia que les resultaba esquiva, sobre todo por la indolencia de las autoridades. Por fin, casi tres décadas después, 78 familias han podido poner fin a su duelo perpetuo, tras recibir lo que queda de sus seres queridos, a los que ahora por fin han dado sepultura y el descanso que merecían.
Una historia de violencia
Los restos humanos fueron recuperados gracias a los trabajos de exhumación realizados por el Equipo Forense Especializado del Ministerio Público. Un arduo y penoso trabajo que se realizó en seis comunidades del distrito de Chungui: Huecchues, Pallccas, Chupón, Chinchibamba, Espinco y Rumichaca.
En los últimos años, en Chungui, se llegaron a identificar hasta 300 sitios de entierro de víctimas de ejecuciones extrajudiciales y asesinatos. 
Los testimonios recogidos por la CVR en esta zona fueron espeluznantes. 
Los habitantes y pastores de las zonas han sabido siempre que transitar por estas tierras es como caminar por encima de un enorme camposanto. Detrás de un montículo de piedras, debajo de una mata de arbustos se esconden, aún, los rastros de la barbarie.
En el año 2011, la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh) denunció oficialmente el asesinato de 114 pobladores de diversas comunidades de Chungui,crímenes ocurridos principalmente entre los años 1984 y 1985.  Pero aún quedan muchos desaparecidos, restos humanos por descubrir, y muchas familias que esperan para poner fin a un episodio, violento e imborrable, que lacera su memoria.
Claves
Responsables. Según la denuncia de la Comisión de Derechos Humanos (Comiseh), los principales responsables de los crímenes en Chungui fueron el ex mayor de Infantería del Ejército Pedro Baca Doig, y el mando político del Comité Regional de Sendero Luminoso de Ayacucho, Óscar Ramírez Durand. 
entrega. La segunda Fiscalía Penal Supraprovincial de Ayacucho fue la responsable de entregar los 78 restos humanos.

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