Sábado 07 de mayo del 2016 | 18:44
Día de la madre: cinco mamás y sus historias contadas en fotos
María Ugaz le donó un riñón a su hijo y le regaló nuevamente la vida.
Madre es sinónimo de amor y entrega. En Perú hay millones de historias que así lo demuestran. Historias de mujeres que incluso han transcendido a la muerte de sus hijos y que no se cansan de dar vida.
Por el Día de la madre, hemos elegido las historias de Ana Camargo, Carla Ramos, Máxima Acuña, Ángela Villón y María Ugaz, mamás peruanas, luchadoras, corajudas y que en definitiva muestran que una madre por sus hijos es capaz de todo.
ANA CAMARGO
Ana Camargo es la madre del fotógrafo Ivo Dutra, quien murió atropellado por una coaster de la empresa Orión el pasado 6 de agosto del 2011 en Jesús María. Ella sigue luchando no solo contra la insuperable pérdida de su hijo, sino contra el sistema de justicia de nuestro país, que según ella “respalda a los asesinos”.
La Primera Sala Penal para Reos en Cárcel decidió rebajar de 13 a 10 los años de cárcel que purga el ex chofer de la empresa Orión, Weimer Huamán, por la muerte del fotógrafo.
Dentro de pocos años y gracias a beneficios penitenciarios el irresponsable chofer saldría en libertad e incluso podría estar nuevamente al volante de un vehículo. “Soy una mujer que vive como una muerta. No voy a descansar hasta que a mi hijo se le haga justicia”, dijo Ana Camargo.
Ella, junto a otros familiares de víctimas de accidentes de tránsito, formó una organización para hacer justicia contra este tipo de casos.
CARLA RAMOS
La vida de Carla Ramos cambió dramáticamente la tarde del 8 de agosto del 2010. Aquel día el vehículo en el que viajaba junto a su hija Romina Cornejo de apenas 3 años fue atacado por dos delincuentes quienes le robaron 5 mil soles al abuelo de la menor, que era un cambista. Para cometer el delito dispararon contra el auto y una de las balas alcanzó a la pequeña y la dejó cuadripléjica.
El caso conmocionó a todo el Perú y Romina se convirtió en símbolo de la inseguridad. Carla Ramos nunca se separó de su hija, pasaron los meses y decenas de intervenciones quirúrgicas, además de un largo tratamiento. La menor viajó a Puerto Rico y luego se estableció en Estados Unidos en donde se recuperaba. Sin embargo, Romina murió el 4 de febrero.
“No se imaginan el dolor tan grande que es perder a un hijo, este sufrimiento que estoy pasando junto con mi familia”, dijo tras la muerte de su hija. “Me pregunto hasta cuándo los peruanos van a seguir desangrándose. Eso tiene que parar ya”, dijo en referencia a los frecuentes episodios de inseguridad. “Mil gracias por el amor que le brindaron a mi hija”.
MÁXIMA ACUÑA
“Yo defiendo la tierra, defiendo el agua, porque eso es vida. No le tengo miedo al poder de las empresas”. La frase le pertenece a Máxima Acuña y la dijo durante la ceremonia de premiación del Goldman Environmental Prize. Quizá muchos recién conocían a esta mujer cajamarquina de metro y medio de estatura pero su discurso guardaba la esencia de una lucha en defensa del medio ambiente.
Esa misma firmeza para defender sus tierras de la minera Yanacocha la ha demostrado para sacar adelante a sus cuatro hijos. Máxima Acuña mantiene una disputa judicial con la empresa desde el año 2011, por la posesión de unos terrenos que ambos reclaman como suyos.
Ser analfabeta no le impidió a Máxima Acuña defender la tierra en donde sus hijos crecieron ayudándola en el cultivo de productos. Ni siquiera las amenazas y presiones que denunció por parte de la minera pudieron hacerla salir de este lugar.
ÁNGELA VILLÓN
Ángela Villón tiene 51 años y su oficio, lejos de avergonzarla, la enorgullece. Gracias a ese trabajo que desempeñó desde los 16 años pudo alimentar y educar a sus cuatro hijos, todos profesionales. Ángela Villón no es solo una trabajadora sexual, es también una activista que lucha por los derechos de su gremio y la comunidad LGTB.
Postuló al congreso en las últimas elecciones por Frente Amplio y aunque los votos lo no le alcanzaron para obtener una curul, su participación dijo, permitió a la sociedad conocer más sobre este oficio. “Yo soy una mujer como cualquier otras. Soy buena madre, buena hija y buena esposa”.
MARÍA UGAZ
Un año, cinco meses y cinco días esperó Christian Díaz por el riñón que le permitiría seguir viviendo. Su madre, la chiclayana María Ugaz, decidió dárselo apenas supo que la insuficiencia renal que lo afectaba era irremediable. Pero para el trasplante les hacía falta un centímetro de arteria que nadie tenía. El milagro ocurrió el año pasado. Los médicos les informaron que un donante acababa de fallecer y que podían operarlos el lunes siguiente. A Christian le han dicho que su recuperación marcha hoy “a pasos agigantados”.

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